viernes, 18 de septiembre de 2009

Publicación de libro

Ya ha salido a la venta mi libro "HISTORIA DE MI ÉPOCA TRISTE" esta en los siguientes pueblos de la zona de Granada "Almuñecar, Motril, Salobreña, Nerja, y en la librería de la Puebla de Don Fadrique", así como en Granada, también están en una librería de Tenerife, en el barrio de Alcalá, al igual que en varias de Murcia, como son, librería Diego Marín y librería alameda, ,dos de Almería, Tabernas, y por motivos ajenos a mi voluntad su venta en Madrid, y Alicante, se verá retrasada hasta diciembre o el año que viene.

lunes, 4 de mayo de 2009

¡Feliz cumpleaños Lucía!

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Empezaba a cambiar el tiempo. Se acercaba septiembre y con él, ese día en el que tendría que apagar aquella tediosa vela de costumbre.

Lucía, que de preadolescente no tenía interés porque llegara la mayoría de edad, pero que ansiaba la llegada de su aniversario aunque no hiciera nada especial, ahora sentía apatía por su aproximación.

Con veinte años más encontraba el cumpleaños como un sin sentido. Otro bulo más que habían inventado los humanos para separarse en lugar de unirse. Cómo estar una persona de veinte con una de treinta, qué diran los demás seres que pueblan la ciudad. Cómo puedes ser su amiga si tienes sesenta y cinco años y ella treinta. Por otra parte, qué absurdo le parecía ser un año mayor al apagar aquel número, cuando ella se sentía igual que el día anterior. Qué disparatado el montón de regalos hechos que luego después has de regalar. Y qué pocas ganas a veces de festejar cuando tus amigos esperan de ti que celebres un año más. ¡Feliz cumpleaños, Lucía!

miércoles, 22 de abril de 2009

Visita al hemiciclo

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¡Oh! Ya con tu pelo cano,
nos has venido a cantar
lo que escribió el poeta.
El joven de rostro bello.

Vas a ver a estudiantes,
a enseñarles la palabra;
el poder que esta tiene
si saben utilizarla.

Vas a regalarles notas,
unidas por un mensaje.
Vas a regalar tu idea
por unos cuantos reales.

Vas a regalarles notas,
por unos cuantos reales,
para comer esta noche;
para escribir más verdades.


Un cuento sin hadas



No quiero que acaricies mi contorno,
no me hagas más sufrir con tu tormenta,
yo no soy de tu cuento cenicienta
que espera de su príncipe el retorno.

Tú no regresarás por este entorno;
o lo harás cuando ya no esté sedienta
y no pueda arrojar mi vestimenta
Dándote así mi cuerpo sin adorno.

Ya que el pudor se apoderará de mí
cuando ya no te sienta mi pareja.
Si eso ocurre no vueles a por mí,

o le pondré al corazón una reja,
por si quisiera escapar y entregarse
recuerde que tu corazón se aleja.

Ultima voluntad


Con esta poesía quiero,
hacer una petición:
que cuando me esté muriendo
la que muera sea yo.

No pido que no lloréis;
eso no es imposición,
pero si alguien quiere farra
yo le doy mi bendición.

Pido si tengo dinero
que me lleven que me cuiden,
y no digo que con esto
no me visiten y olviden.

Pero tendrán libertad,
para venir cuando quieran,
si tienen que trabajar,
familia o irse de fiesta.

No soy una obligación,
soy un fruto del amor;
y si tienen que salir
que salgan, vendrán a por mí.


Suvenirs



Hoy recuerdo Tenerife,
con una cierta añoranza,
aquí tumbada en las piedras,
en las piedras de mi playa.

La brisa del viento roza
mis mejillas sonrosadas
y provoca en mi memoria
un suvenir de palabras.

Palabras mudas de llanto,
en Alcalá o Almuñecar;
las callan distintos vientos
pero en un tiempo se enlazan.

martes, 21 de abril de 2009

Realidades escondidas

http://www.explorandomexico.com.mx/photos/state/full-Grutas.jpg

La vida es como una gruta;
plena de ocultas verdades,
con sus pinturas rupestres
para tapar realidades.

Cada cueva oculta un sino;
varias se pueden cruzar
y al final de este camino
a veces se ven sangrar.

Mana el agua entre sus grietas
provocando la erosión;
va deteriorando a tientas
lo que antes era unión.

Algo bello forma a veces,
otras, sólo destrucción,
y el hermoso paisaje
muere de desolación.

Nuestras guias


Compartimos las palabras,
rato y rato nos hablamos;
y la luna se dio cuenta
de lo que nos respetamos.

Hablamos de política,
de cine y de ficción;
del niño que yo no tuve
y también de religión.

Horas y horas conversando
con suma tranquilidad,
yo que pasé un sacrificio
por conservar tú amistad.

No te digo que no añoro
lo que podríia haber pasado
pero para no tenerte,
prefiero estar a tu lado
como un ángel en tu vida,
tú como luz en la mía;
siguiendo el mismo camino
pero con distinta guía.

No neonato

http://dejardespertar.files.wordpress.com/2008/08/adasf1.jpg
Un niño nació entre algodones,
y de galas lo vistieron.
La mujer que lo parió
lo tenía cual lucero.
Era lo que más quería,
mas no lo que más amaba.
Era lo que más quería,
lo que de niña soñaba.

Un niño perdió en su vientre
al no tener que ofrecerle,
sólo disponía de amor,
y eso no era suficiente.
No era lo que más quería
tampoco lo que más amaba;
con ser madre no soñaba
hasta que lo conoció

El camino de la vida
separa a los corazones;
unos dicen por dinero
otros dicen por cultura
y el autor de estos versos
no defiende su postura.
Os eseña el corazón
que seco quedó en la espesura.

Morir amando

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Dicen que morir de amor,
no tiene ningún sentido;
para mí si que lo tiene,
pero no quiero vivirlo.

Prefiero existir queriendo
aunque cueste arduo trabajo.
Pues quien al lado te tiene
le cuesta venirse abajo.

Me afanaré en construir
cada dia un peldaño
para ascender a la cima
donde poder transformarnos.


lunes, 20 de abril de 2009

Gelida soledad

http://espejoopalino.blogia.com/upload/20080601155731-desnudo.jpg

Nos dejamos llevar por el impulso
siguiendo el latir de nuestro corazón;
haciendo daño a aquel a quien amamos
vamos tejiendo la desolación.

Lo colmamos de dicha en un momento
para un instante más tarde y sin razón
incarle en su pecho, un aguijón;
que lo deje frio, sin sentido.

Irrumpiendo su sueño vespertino
una noche de gélida soledad,
recibió unas frases resentidas.

No podía entender el desatino,
pensó que actuaría sin maldad,
provocada por antiguas heridas.

Desgarro

http://img104.imageshack.us/img104/1042/nonfacile2mr.png

Un clavo arde en mi pecho
cada vez que pienso en ti,
y este dolor que siento
no se puede describir;


dolor por toda la culpa,
dolor por poder dormir,
por no tomarte la mano
al alejarte de aquí.

Cruda realidad


Tuvo un hijo en otras
entrañas.
El parto no le dolió.
Pero acostada, entre su vientre,
no sentía su corazón.

A veces el sacrificio
conlleva satisfacción,
pero ella tuvo miedo
y a su hijo lo perdió.

Temió por el sacrificio,
se quedó sin ilusión;
"por lo menos seré tia,"
o fue lo que ella pensó;
pero hasta los muchos meses
ella al chiquillo no vio.

Ahora lo ve de año en año,
con grata y cierta emoción,
sabiendo que no es su hijo,
que en su tiempo lo perdió.
Pensando que no lo tuvo
porque algo los separó.

Ya no hay otras entrañas,
no hay bebé sin dolor;
ya vino la realidad
y con ella lo llevó.
Aunque llegó un poco tarde,
tranquilidad regaló.

Amanecer



Amanecía en Fortuna,
tras la buharda de mi hotel,
y la luz bañaba mi alma
con un nuevo renacer.

Tumbada desde mi cama
observo como sale el sol,
pues habierta he la ventana
para que me de calor.

Sus colores me serenan
estoy como en el edén.
Mañana empieza otra etapa
y espero que salga bien.

Almas gemelas


Se cruzaron dos personas,
en un inmenso camino,
y por no saber mirarse,
se jugaron el destino.

Él no vio que la amaba
o no lo reconoció.
Ella andaba perdida
y no mostró su valor.

Él terminó casado,
feliz, se dice, y con niño.
Ella vivió enamorada
y a escribir se dedicó;

se unió a una gran persona,
que la quiso y respetó;
aunque a su alma gemela
Siempre, siempre conservo.

A mi tutor de segundo

No pronunciaré tu nombre;
aunque te invité a venir,
para que olvides con versos,
los malos ratos que di.

Perdona si no aprendí,
las lecciones que me has dado.
Mira, cuando llegué a ti
todo se había complicado.

Pero si aquí estoy sentada
es por lo que me enseñaste,
esa pasión por la música
en la que tú me iniciaste.

Chispitas hay en mis ojos,
desde que te conocí;
cuando encuentro entre mis manos
guitarra, teclado o violín.

Aún recuerdo la madera,
al tocar las ocho notas,
y el son de tu acordeón
hacer felices mis horas.

Sin solución


http://www.vopus.org/es/images/articles/Diccionario/alma.jpg

Un día encontré un alma,
aunque su corazón
no me encontró,
por eso la mía
vaga extraviada
y lo aguarda sin razón.
No os diré su nombre,
pues solo lo sabré yo.

Si algún día permanece
y el azar lo trae aquí,
sabrá que sólo estos versos
me pertenecen a mí.

Recuerdos de Navidad

http://1.bp.blogspot.com/_VhpBcDwg5f8/SWD48wFL3jI/AAAAAAAACo0/ZmIJPIwzh18/s400/_++++_++++_++20061225105743-nacimiento.gif


Ya se termina noviembre
se acerca la Navidad,
ya se siente por las calles
el olor a mazapán.

Mientras los niños esperan
van construyendo el portal;
en un extremo María
y en el otro San José,
y entre el buey y la mula
pintan también al bebé.

Los reyes y los camellos,
hay que portarse muy bien,
hay que acostarse temprano
que desde oriente nos ven.

Llega el día del nacimiento,
con la cena familiar;
Juntos cantan villancicos
para al niño recordar.
Para olvidarse de nuevo
hasta otra Navidad.

domingo, 19 de abril de 2009

Polvo en el salón

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Mi casa estará sucia,
mas feliz mi corazón,
y si vienes a mi duelo
ponte ropa de fogón.

Puede haber telarañas,
y polvo en el salón,
puede haber costra en los platos
y moho en el colchón.

Quizá no he lavado la ropa,
ni he colocado el plumón.
Pero cuando yo me muera
me llevo satisfacción.

Mi casa puede estar sucia,
mas feliz mi corazón,
y si vienes a mi duelo
ponte ropa de fogón.

No quiero ser una guarra,
ni alguien sin solución,
y lo anteriormente escrito
es una exageración.

Sólo quiero reflejar,
que antes que hacer el salón,
prefiero ir con mi novio
y...

sólo quiero reflejar,
que antes que hacer el salón,
prefiero familia y amigos
y éxtasis para el corazón.

Navidad

Ya repican las campanas;
se acerca la Navidad,
niños del Mariano Aroca
preparaos para cantar.

Sacad pronto las fanfarrias
y poneos a tocad,
antes que se pase el tiempo
que éste pronto se va.

Corred niños a la calle,
mazapanes, panderetas.
Y alegrad a vuestro pueblo
con villancicos y gestas.

Sacad pronto las fanfarrias
y poneos a tocar.
¡Qué pronto se pierde niños
el sentir la Navidad!

Las piedras del camino

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Con el paso de los años
te vas haciendo más fuerte,
y con un poco de suerte
no te conviertes en piedra.

Hay muchas en el camino,
al menos yo las encontré.
Son seres inertes,
carentes de ilusiones.

Para ellos todo es oscuro
y nada tiene sabor.
Los aromas orientales
también perdieron su olor.

Sólo quedan los agravios,
es lo que quieren captar,
no pueden ver lo bonito,
les gustaría que viésemos igual.

Empiezan a conseguirlo,
al menos con la amistad,
lo malo de los viajes
y la vida en general.

Para ellos todo es oscuro
y nada tiene sabor.
Los aromas orientales
también perdieron su olor.

La sombra de la noche

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Qué fácil despojarse de la culpa,
vistiendo a los que no son de tu casta.
Qué fácil extraer de la canasta;
los frutos que han podrido su pulpa.

Pero cómo prestar una disculpa,
cuando el metal reluce como un asta,
cuando todo alrededor, grita basta,
y solo se prefiere estar oculta.

Cómo quieres que olvide mi pasado
si por el mi presente está truncado,
y mi futuro que aún no ha llegado

se vislumbra lejano y empañado.
Y aquello que yo siempre he deseado
se marchita antes de haber comenzado.

La bufanda

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Hermoso retal de tela,
que en el cuello tú te enredas,
te quedaste en una casa
y empezaste una condena.

Tu dueña te echó de menos
y al inquilino rogaba:
¡Devuélveme la bufanda!
- con el lío que esto creaba.

Si es por los sentimientos,
sólo quiero mi chalina
que tiene connotaciones
de quien me la regalara.

Ya habían pasado tres meses
y en la otra casa seguía,
con ese trozo de tela
¡Qué problema se tendría!

No podía devolvérsela,
¿Había desconfianza?
No podía devolvérsela
¡Que tendría esa bufanda!

Si es por los sentimientos,
sólo quiero mi chalina
que tiene connotaciones
de quien me la regalara.

lunes, 6 de abril de 2009

Furia

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Ella tiene la rabia
tiene la rabia del mar.
Ella tiene la ira
de la lava de un volcán.

Tiene los pies en la arena
y las manos en la espuma.
La siente correr por dentro
y fluir por cada poro.

No la deja respirar,
cuando aparece invade todo.
Cuando se va sólo le deja
migajas y el deterioro.

Ella tiene la rabia
la siente correr por dentro
Ella tiene la ira
que fluye por cada poro.

No la deja respirar,
cuando aparece invade todo.
Cuando se va sólo le deja
migajas y el deterioro.


Sonidos articulados


En numerosas ocasiones, no somos conscientes del daño que pueden ocasionar nuestros labios cuando se abren para producir sonidos articulados. En muchos momentos de nuestra vida, lanzamos expresiones sin pensar siquiera lo que decimos, simplemente decimos. Eso me ha pasado a mí infinidad de veces.

No hace tanto, fue una de ellas, yo no estaba pasando un buen momento, sí, estaba contenta, eufórica, mejor dicho, pero era una falsa euforia, y al tratarse de eso, no con muy buenos frutos. El caso es que con este grado de exaltación en mi vida, dije alguna cosa que hirió o molestó a personas queridas, pero no encontraba el momento de aclarar la situación, hoy se ha dado ese momento, y cómo reconforta cuando aclaras las situaciones que pueden hacer que una relación se desequilibre o distancie.

En esta vida de prisas y sin sentidos, no sabemos elegir bien el momento de hablar o de callar, ni el de qué decir o qué callar. Hablamos porque hablar es lo que se lleva, es sinónimo de buenas relaciones, y en algunos casos eso no es del todo cierto.

Hace unos días, leí por algún sitio una cita de André Maurois que decía que ser sincero no era decir todo lo que se pensaba, sino no decir nunca lo contrario de lo que se pensaba, y nosotros venga, pensamos que la sinceridad es decir todo lo que pensamos aunque hagamos daño, a veces irreparable.

Espero que esta reflexión hoy hecha, me sirva al menos para tratar de cambiar, y piense antes de lanzar palabras al aire, pues palabras a veces tienen más fuerza que una tropa en la batalla. Palabras pueden cambiar el mundo o sumirlo en la destrucción más absoluta. Palabras, palabras, aspas que cortan el aire, palabras, palabras, hélices que cortan el agua, palabras, palabras, bisturís que cortan la carne.

sábado, 4 de abril de 2009

El reino de Murcia.


http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/7b/Huerta_de_Murcia1.jpg/400px-Huerta_de_Murcia1.jpg

Por sorpresa un día la reclamaron,
como maestra de francés,
y tuvo que dejar Granada
por un nuevo amanecer

Cuando conquistó las calles,
de la tierra murcianica
No echó de menos Granada
por una temporaica.

Si tuviera que vivir
en ella algunos añicos,
sólo añoraría el mar
donde dar sus paseicos.

Murcia tiene,
pero lejos,
pues ella no lo conoce.

También tiene dunas y calas,
pinares en las montañas,
una serie de mesetas,
y un rio con verdes aguas.

Un clima subtropical,
y una gran gastronomía.
La gente que conoció
ya nunca la olvidaría.
Y cuando a Granada volviera
A Murcia se llevaría.

jueves, 26 de marzo de 2009

La penúltima hora del comisario Juan Castro


Aquella mañana se había presentado con demasiado trabajo. Tres casos a investigar. El de una señora que había aparecido muerta en la bañera de su casa. El de la rana de un niño, que habían encontrado en el jardín de su casa diseccionada, y el de una mujer que había venido con la ropa desgarrada y había denunciado a su novio por violación.


Juan, le asignó el tercer caso, el de la violación, a Onali, la chica del departamento número 2, y de los otros, uno se lo entregó a Mark el chico del departamento número 1 y otro se lo quedó él.


Mark era un chico risueño, más bien delgado, sus facciones eran finas y tenía buen humor incluso desde que se despertaba.


Para más inri, le llamaron desde un teléfono desconocido cuando era la una y media, y le dijeron:


No le puedo revelar mi nombre, pero ya lo he observado en un par de ocasiones y pensaba que era necesario contárselo; sobre las dos de la tarde, unos seres extraños aterrizan en nuestro pueblo y no sé qué le inyectan a las palmeras. El otro día, camuflado, escuché algo. Estaban intentando que las plantas se humanizaran, oí, e inyectándole lo que le habían inyectado, estarían consiguiendo el primer paso, decían.


Entonces el comisario tuvo que partir cerca de las dos y dirigirse hacia uno de los lugares en los que había palmeras. Se sentó en un banco con una novela del oeste en las manos y comenzó a leer. Pasados cinco minutos, llegaron los seres de los que le había hablado el extraño.


Eran morados, con la cabeza como un perrito caliente pero más grande, cuerpo pequeño y delgado, ojos rojos y boca pequeña y verde.


Juan los miraba de reojo: estos sacaron un maletín con unas jeringuillas, y unos botes con un líquido azul, rellenaron las inyecciones hasta la mitad y pincharon las palmeras hasta no dejar gota alguna en las jeringas. Concluida su actuación comenzaron el despegue.


Juan, después de esta primera toma de contacto, pues no podía actuar de buenas a primeras, se acercó a una de las palmeras, para ver si descubría algo, cuando de pronto, debido a su alergia, estornudó, y al ir la cabeza hacia delante se dio con el tronco de la palmera en la frente, arañándose. La sangre que manó de su herida se puso morada mas él no lo sabía. Se fue a la comisaría extrañado. Tendría que pensar en lo sucedido. Cuando entraba por la puerta de la comisaría, se le escapó una sonrisa inesperada y a continuación le sobrevino un leve ataque de risa.


Él no sé si sería consciente, pero el caso es que esto le ocurría a intervalos de diez minutos. Lo que había inyectado los seres morados a las palmeras, era gas de la risa licuado y al haberse pinchado él, se había introducido también en su sangre.


Estuvo reflexionando un rato sobre lo que pasó y decidió ir al día siguiente a tomar unas muestras de las palmeras.


A las tres menos veinticinco se tuvo que ir, y menso mal que para las menos veinte estaba de vuelta, pues cuando llegó, Onali le dio un recado.


lunes, 23 de marzo de 2009

La última hora del comisario Juan Castro



Al departamento número 3 de la comisaría, llegó una notificación para el inspector. Juan que así se llamaba el encargado de este departamento, un hombre corpulento, serio, y de mirada agria, no se encontraba allí en ese momento. Había salido a resolver unos asuntos que tenía pendientes desde hacía días.


En cuanto llegó, la compañera del departamento número 2, le comunicó que le habían dejado algo en su despacho.


Muchas gracias Onali, voy a ver de qué se trata.


Leyó para sí mismo lo que estaba escrito en la notificación:


"En la parte delantera del puesto de churros, se ha provocado una disputa entre dos mujeres, vengan les ruego lo antes posible, una de ellas ha sacado una cuchilla de afeitar a su pareja"


Una vez leída Juan pensó:


"Menos mal que sólo he tardado dos minutos en venir, porque si no, con la fama que acarreamos"


Cuando llegó, la gente había ido formando un corro que tuvo que disolver para poder ver algo. Lo que vio, en un primer momento, le hizo sacar una risita de la boca:


Una mujer moñeaba a otra de la extensa mata de pelo que tenía, casi le retuerce el cuello como a una gallina. La otra, la que sacó la cuchilla, poseía una gran delantera y se dedicó a darle pechugazos mientras la primera la tenía bien agarrada.


De lo enfrascadas que estaban, cogieron tanta fuerza que Juan tardó cinco minutos en poder separarlas. Cuando lo consiguió, se las llevó directamente a la comisaría que era donde tendrían que aclarar la situación. No se podía estar montando ese escándalo en la vía pública.


A ver, contadme, qué pasó realmente:


¡Que qué pasó! ¡Que qué pasó! Que pillé a la z... esta en la cama con mi novio. Valiente guarra hay que ser, con amigas como esta para que quiero enemigos


¿Algo que alegar?


No, como no podemos hablar como personas civilizadas, cada vez que hablamos, terminamos como animales, embistiéndonos, no tengo más que alegar...


Bueno, ahora salgan de aquí, salgan de mi comisaría, y como yo las vea meterse en otro altercado, lo próximo será pasar la noche en la penitenciaría. Espero no volver a verlas por aquí.


Así terminó la mañana laboral del inspector Juan Castro. Con una leve sonrisa en la comisura de los labios, un gesto poco frecuente en una persona que sólo reía en contadas ocasiones.

El momento


Ya han pasado nueve meses;
te podremos abrazar,
ya veremos tu carita
¿A quién te parecerás?
Antes todo estaba oscuro,
nos escuchabas hablar,
hoy saldrás al exterior
y la luz te bañará.

Te recogerá tu padre
orgulloso de su hazaña.
Te pondrá sobre mamá
que está deseosa de amarte.

Estos días tú oirás
cuantos van a visitarte;
muchos brazos te tendrán
pero querrás a tu madre.

Eres pequeño y rosado
y también eres flaquito,
pero cuando ella te coge
reconoces sus latidos.

Y en sus brazos tan blanditos
te quedarás dormidito
mientras tus padres felices
disfrutan su primer hijo.

jueves, 12 de marzo de 2009

El corazón del poeta

http://xarleen.files.wordpress.com/2007/07/corazon_sangra.jpg
A veces,
cuando el poeta escribe,
libera sapos y culebras
sin querer.

A veces,
destila su sangre,
desprendiendo la esencia del mal
que habita en su interior.

A veces,
esparce su semilla
en hojas de papel,


y a veces,
las musas lo abandonan
y pierde la confianza en él.

jueves, 5 de marzo de 2009

La gota de la alegría



Ocurrió en Macedonia, una tarde soleada del mes de mayo. Maruja, conocida en el pueblo por ser más triste que la tristeza se encontraba paseando por los alrededores del parque Tropical, y haciendo honor a su nombre, marchaba caabizbaja y ajada. De repente una gota cayó del cielo; empapándola entera, y al mirar hacia arriba para descubrir de dónde había caido, comenzó a sonreir. Desde aquél día Maruja va por las calles ccon un paraguas transparente, no le vaya a caer otra lágrima de tristeza de algún ogro.

martes, 3 de marzo de 2009

Edelweiss



En las montañas nubladas,
del Pirineo español,
cuando se hiela la escarcha
crece una hermosa flor.

Edelweiss lleva por nombre.
Prepotente y sin olor,
sólo nace en primavera
cuando sale un poco el sol.

Es la reina de esas tierras.
Es difícil de encontrar.
Se esconde tras de los hielos
con un almendrado velo
de borlas coronado.
Dándole un aspecto
muy particular.

Edelweiss lleva por nombre.
Prepotente y sin olor,
sólo nace en primaver
cuando sale un poco el sol.

domingo, 1 de marzo de 2009

Doble moral


Rompimos las barreras
que gobiernan nuestra vida.
Si alguna vez lo hacía
no pensé que fuera contigo.


Terminamos asidos
piel con piel,
y al amanecer,
ninguna recompensa.


Dos cuerpos extraños
uno junto a otro,
abrigando la soledad
con un manto de ternura.


Terminamos asidos
piel con piel,
y al amanecer,
ninguna recompensa.


Salvo una noche mágica.
De ternura infinita,
en la que solo el contacto
nos satisfacía.


No hizo falta más
que la compañía,
aunque sólo eso
no se pretendía.


Pero esa ternura
fue muy especial.
La invadió el respeto,
el amor y la amistad.


La invadió el respeto
y nos hizo olvidar.

Desde tu isla

Publicada en el periodico local de motril "El Faro"

http://www.lacoctelera.com/myfiles/anttonella/ISLA.jpg


En una cálida playa
de fina arena volcánica,
Eva yace inerte.
Recostada bajo el último sol de la tarde,
adormece la soledad que la persigue.


Las olas del mar bravío
intentan reconfortar su espíritu,
pero sólo consiguen
aumentar sus ruidos internos.
Eso sí, es lo que evita la nostalgia
de esas tierras lejanas que dejó.


Sin el mar,
se hubiera sentido prisionera
en un lugar extraño.
Pero sentir su aroma,
el salitre en su piel,
le hacían creer estar en su tierra.


Cuántas tardes de paseos solitarios.
De miradas perdidas, al horizonte.
De mañanas confusas en la cama,
de no saber qué hacer,
de no querer hacer.


Cuántas tardes de paseos solitarios.
De miradas perdidas, al horizonte.
De mañanas confusas en la cama,
de no saber qué hacer,
de no querer hacer.

lunes, 23 de febrero de 2009

Los nenúfares


http://personal.us.es/soriano/nenufares.jpg

Aquella noche envuelta en brumas, cuando Miguel invitó a Irene a dar un paseo en barca por el estanque de un pueblo cercano, emergió de entre los nenúfares una delicada mano, que hacía pensar que era de una muchacha joven. Adiós a la velada romántica que había planeado. Esa situación, como es normal, les cortó el cuerpo.


Ahora, tenían que decidir qué hacer, si se marchaban como si no hubiesen visto nada, o si por el contrario avisaban a la policía local de lo que habían hallado. Estuvieron un cuarto de hora viendo pros y contras de la situación.


Irene pensaba que era mejor avisar, que alguien los podía haber visto por el lugar, y luego, sin tener necesidad, podían meterse en un embrollo del que les costaría trabajo salir. Pues nadie sabía donde se encontraban ellos, nadie podía decir que los había visto aquella noche o que habían estado en su casa.


Miguel sin embargo opinaba que era mejor largarse sin notificar nada, que no era la primera vez que la gente se metía en problemas por solucionar algo o por intentar ayudar a alguna persona. Él optaba por irse y hacer que nunca estuvieron allí.

Discernido lo que iban a hacer, dirigieron el bote hacia la orilla del estanque, y se encaminaron a la comisaría de policía más cercana, bueno, a la única comisaría del pueblo.


Cuando llegaron, al filo de la madrugada, el comisario no se encontraba en su puessto de trabajo, y tuvieron que esperar como media hora para poder prestar su declaración. Cuando este volvió, Javier, su escribiente le dijo:


- Señor comisario, ha llegado una pareja que desea informarle sobre un incidente.


- Hagales pasar.

Señores, ya ha llegado el señor comisario, ya pueden pasar, es la primera puerta a la izquierda.


- Buenas, señor…


- Ibañez.


- Buenas, señor Ibañez. Venimos a contarle lo que nos acaba de ocurrir. Ha sido una situación un poco desagradable. Comentó Irene.


- Prosigan.


- Bien, hoy quería darle una sorpresa a mi novia, le dije que me acompañara, y la traje hasta este maravilloso pueblecito de montaña, con el propósito de darle un paseo en barca por el estanque. Hoy que había luna llena. Cuando llegamos al paraje, cogí un bote, de los que un amigo me comentó que no son de nadie, que están allí para que quien quiera hacer uso de ellos los coja, y cuando no habíamos removido el agua ni tres veces, afloró entre las hojas esas del estanque una tersa mano, y ahí terminó nuestro paseo, motivo por el cual estamos aquí.



- Perfecto –dijo el comisario-.


Ahora por favor pasen con mi escribiente, y relatenle los hechos tal y como han hecho conmigo, pero añadiendo la hora lo más aproximada posible a la que ocurrio cada situación. Siento lo que les ha ocurrido, estaremos en contacto. ¡Ah! Y tomen, esta es mi tarjeta, llamenmé en el momento que lo necesiten. Encantado.



- Igualmente, señor.


La pareja pasó a la sala donde estaba el escribiente en cuestión, y volvieron a relatar la historia tal y como les había ocurrido.



“Ves, acabamos de empezar con esto, y mira ya los quebraderos de cabeza, dos veces hemos tenido que contar la misma historia. Si te lo decía yo”. Dijo Miguel airado. “Pues imagínate si no lo hubieramos hecho”. Replicó Irene.

Cansados, y sin haber disfrutado de su noche especial cogieron el coche y se marcharon camino a casa. Una vez allí, se dieron un baño reparador y se acostaron; con la intención de olvidar todo lo sucedido en esas fatídicas horas.


Miguel se despertó al las ocho para ir a trabajar, preparó sus cosas, le dio un beso a su princesa, y se despidió de ella hasta la tarde. Ella como estaba de vacaciones, pensó disfrutar de una mañana de cama, y volvió a quedarse dormida. Cuando se despertó, sobre la una, encendió el televisor de plasma que tenía en la habitación, y como estaban dando las noticias, recordó sin querer la noche anterior y dejó la tele en ese canal para verlas, a ver si decían algo. Y efectivamente, la tercera noticia que dieron, mencionaba el caso de una muchacha que había aparecido muerta en el estanque de Villa Espesa. Dijeron que el cuerpo había sido encontrado por dos lugareños de El Diablo. Que parecía llevar sólo unas horas muerta, y que estaban pendientes de la autopsia para saber de qué había fallecido, pero que lo habían decretado secreto de sumario.


Pasó el tiempo, no hubo más noticias sobre aquél suceso en televisión. Las rutinas diarias siguieron su curso, Irene reanudó el trabajo, volvía a casa por la tarde, y allí se encontraba ya a Miguel, a quien adoraba, esa historia la había unido más a él, ahora no se imaginaban separados, y compartían todo lo que podían compartir. Pero la calma se rompió al mes y medio más o menos: era domingo, un domingo ya más proximo a la primavera, en el que el sol bañaba de luz todas las habitaciones, y daba una una energía y felicidad impesables, pero sonó el teléfono, si sonó el teléfono, y no era ni su hermana, ni su cuñado, ni nadie cercano a su entorno. Cuando Irene cogió el auricular, la voz que escuchó al otro lado fue la del señor Ibañez, el comisario de Villa Espesa, pidiendoles que fueran en el plazo de una semana a su comisaria que era necesario que hablara con ellos.


A Irene se le hizo una congoja, no sabía como decirselo a Miguel, ya que conocía cual sería su respuesta. Tras colgar el auricular éste le preguntó que quién era, que se le había puesto la cara como el papel por lo que tuvo que decirle que era el comisario, que le había rogado que se pusieran en contacto con él asistiendo a la mayor brevedad posible, como mucho una semana, a la comisaría. Bueno, os podéis imaginar cómo reacciono Miguel. Ya se podía imaginar lo que les venía encima.

domingo, 22 de febrero de 2009

Declarando sentimientos


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Cuando estoy contigo
no siento mariposas,
pero algo va cambiando
y no van bien las cosas.

Me siento algo confusa,
mas no sé lo que siento,
penetras en mis sueños
y en breve me despierto.

Me place estar contigo;
permanecería horas,
pero todo nos aleja
y yo me siento sola.

Cuando estás conmigo
no siento mariposas,
pero hace tres meses
"no importaban tus cosas"

Contigo una clase
torna divertida.
Quién las diera todas
de la noche al día.

Me place estar contigo;
permanecería horas,
pero todo nos aleja
y yo me siento sola.

En los núcleos de nuestras almas
moran otras almas,
ese es el primer dique
que de ti a mi me separa.

Pronto están las circunstancias,
seguidas de la cultura,
y alguna que otra cosa
que la gente hoy censura.

Ni te quiero, ni te amo,
puede que estés empezando:
mas ni siquiera lo sé.

Quizás sea un espejismo,
o un reflejo en un cristal
quizás tema el saberlo
porque sienta de verdad.
Y este corazón herido está cansado de amar.

El reencuentro



Hace un par de semanas, de manera fortuita, me encontré con la Poetisa, a quien no veía desde hacía algún tiempo. Y como suele ocurrir con las personas que hace una temporada que no ves, el reencuentro fue maravilloso, estuvimos hablando como si nos hubiéramos visto ayer, y la tarde se deshizo entre risas, acompañadas de lagrimas de placer, y también por qué no de la melancolía de un tiempo que ya pasó. Estuvimos recordando acontecimientos, de cuando íbamos juntas al cine, o cuando de noche nos bañábamos en playas desiertas al abrigo de la luna.


Ella me contó lo que se encontraba haciendo en este momento. También me estuvo contando que en un viaje que realizó al desierto de Singing, se encontró con personas que le provocaron una gran tristeza interior. Dichas personas tenían podríamos llamarlo así, una enfermedad. Necesitaban irremediablemente cariño, afecto. Pero lo más grave de esta enfermedad, es que no servía cualquier tipo de cariño para curarla, no era el paterno, el materno, (en fin el familiar), ni el amistoso, ¡no!, el afecto necesario era el de la persona opuesta, en caso de heterosexuales, y del mismo sexo en caso de homosexuales.


Le provocaban gran afectación porque lo anteriormente comentado, no dejaba a estas personas llevar una vida plena, en ningún aspecto. El estado de suma dependencia de una pareja no les permitía ver la luz del día. Si estaban trabajando, apenas les iba un poco mal, la gran tristeza de que eran almas solitarias les sobrevenía. Si estaban de viaje, la misma pena de que eran animas solitarias, y así en cualquier actividad que emprendieran. Siempre volvía a resurgir ese mismo pensamiento.


Mencionó que aunque realmente no sea una enfermedad propiamente dicha, y que no sepamos a que se deben sus síntomas, le encantaría poder encontrar la medicina con la que eliminar las causas de esta “enfermedad”, pues el remedio para estas personas, no es encontrar una pareja, aunque para otras personas lo sea. Ella no sabe cuál es, pero ese sabe que no, ayudaría, pero no lo es. Y si lo encontrara, ayudando a los demás se ayudaría a sí misma.


Llegó el momento de la despedida; unas lágrimas afloraron de sus ojos, recorriendo suavemente sus mejillas rosadas. No sabía cuando nos volveríamos a ver, puede que esta fuera la última, quién sabe. Por si acaso, nos abrazamos fuertemente, y nos dimos un beso de esos que hacen historia. Y es que hay momentos, que por mucho tiempo que pase, no se pueden olvidar.


Nosotras esperábamos que se pudiera volver a repetir ese estupendo último beso. Sería que nuestras vidas permanecen y que han vuelto a encontrarse en el transcurso de los días venideros.


Desaliento


Me invaden los recuerdos;
yo sentada en tus rodillas
con el mundo en nuestras manos
y el placer creciendo en mi interior.

Y hundida en tu sofá me encuentro
con tus manos rodeando mis senos,
y una fiebre que nace
en forma de sudor.

El calor que mana de mi cuerpo
quema tus yemas
provocando un placentero dolor.

Efluvios de todos colores
manan de todas partes;
abriéndote camino a mi interior.

¡Anhelos! ¡Anhelos!
Que no pueden cumplirse,
que ya no se cumplieron.

¡Anhelos! ¡Anhelos!
Que no pueden cumplirse
y llega el desaliento.

jueves, 19 de febrero de 2009

El indigente errante


Esta que voy a contar, es la historia de Casimiro, un indigente de mi pueblo que se pasaba los días vagabundeando por ahí. Se había convertido en un hombre flacucho y ajado por el paso de los días en la calle. Las arrugas en su rostro mostraban que no lo había pasado bien. También lo dejaban ver sus marrones ojos opacos, fiel reflejo de una vida de sin sabores.


Cuando Casimiro era joven, tenía una buena profesión, tenía una casa, con esposa y dos hijos, era el ser más cariñoso que uno hubiera podido conocer; siempre atento con su mujer, llevando a sus hijos a todas partes... pero todo cambió cuando la víspera de Navidad lo echaron del trabajo. Como era un hombre muy trabajador, aquello lo dejó totalmente hundido, desmoralizado, y casi sin darse cuenta empezó a beber más de la cuenta, ya que estas fechas se prestaban a ello, motivo por el cual ya nadie le quería dar trabajo, pues siempre olía algo a alcohol, hecho que hizo que la situación fuera empeorando. La mujer cada vez se encontraba peor con él, pues siempre estaba en casa, bebido, el dinero no llegaba, y tenía tres bocas que alimentar además de la suya. Su madre le podía echar una mano, pero no podía cargárselo todo a ella.


Julia intentó poner medios para que la situación cambiara, pero él se había ofuscado, y no entraba en razón, decía que no pasaba nada, que él no tenía ningún problema, y que ya le darían trabajo. Pasaron seis meses, y Julia ya no aguantaba más, asique lo echó. Le dijo que si no iba a solucionar el problema y además lo iba a agravar que se fuera, que buscara donde irse y se fuera. Que esta noche podía dormir allí, pero que era su última noche. A la mañana siguiente, Casimiro se levantó más temprano de lo habitual, pues últimamente antes de las doce no se levantaba, con una sensación extraña que le recorría el cuerpo. Sabía que tenía que dejar su hogar, que le habían puesto un ultimátum, pero esperaría a que su mujer se levantara a ver si cambiaba de opinión. Pero no, Julia le preguntó si todavía estaba por allí, y le recordó que cuando saliera por la puerta el día de hoy ya no volviera a entrar, o sea que cogiera lo necesario para irse, y que buscara un lugar donde quedarse.


A las dos y media, después de haber comido, Casimiro se despidió de sus hijos, con la esperanza de volver a verlos, y se fue en busca de sus hermanas, primero una y después otra, a ver si alguna le quería dar alojamiento. Pero ninguna lo quiso aceptar en su casa. Ambas le dijeron que si estuviera pasando por una mala racha que sí, que eso estaba hecho, pero que si fuera porque estaba pasando una mala racha, no hubiera hecho ni falta pedir esa ayuda, porque conocían a Julia y sabían que ella no lo habría echado. Que si el problema era que se había dedicado a beber y no aportar nada al hogar, que no querían un vago alcohólico en casa. Así fue como Casimiro pasó de tener un buen puesto de trabajo y una familia a pasar los días vagando por las calles sin sentido.


En casa, los hijos, uno de siete años, y otro de tres, preguntaban que dónde estaba papa, qué cuando iba a venir, y claro, Julia se sentía destrozada, no sabía que responderles, además, ella lo seguía queriendo, y sabía por qué su marido había cambiado, pero si él no ponía de su parte no podía hacer nada. Ella sabía que sin el apoyo económico de su marido, le costaría más trabajo salir a delante, pues trabajaba echando un par de horas en una lavandería, pero si en otras ocasiones había salido airosa, esta vez, aunque fuera más difícil, también lo conseguiría. Además, tenía el apoyo incondicional de su madre.


Llegó la noche, fue la primera que Casimiro pasaba en la calle, fue extraño, acostumbrado a dormir en su cómoda cama se tuvo que ingeniar para buscar unos cartones. Menos mal que era verano. Cuando los encontró los puso en un banco de un pequeño parque y se echó a dormir, como hacía calor, no se tapó ni nada. (Qué haría cuando llegara el frío, bueno, sabía lo que haría, pero cómo lo pasaría...). Cuando ya casi estaba dormido, llegó un vagabundo, se notaba que ya llevaba años viviendo en la calle, sus ropas estaban desgastadas, su barba descuidada, su tez excesivamente morena por los rayos del sol, y le dijo:


- Durmiendo en un banco, se nota que eres nuevo por aquí, y se nota que eres nuevo en esto, no puedes pasar la noche aquí, se pueden meter contigo, o te pueden hacer algo. No puedes elegir un parque en pleno centro de la ciudad, tendrías que haber elegido un sitio en la estación. Hoy vendrás conmigo, pero mañana tendrás que buscarte tu propio lugar.


Y lo llevó a un recodo de la estación de tren, donde él se había acomodado hacía tiempo; tenía una manta, para cuando llegara el invierno, una estufilla, para cocinar si le daban algo, una linterna... en fin, tenía lo que no tenía casi ningún indigente, se podría decir que era un vagabundo rico, o con suerte. Le preguntó que si quería compartir con él un bocadillo de tortilla de patatas que le habían dado y una botella de vino, y obviamente, Casimiro le dijo que sí. Pasaron la noche, y a la mañana siguiente, al levantarse, a Casimiro se le habían hincado los huesos en el cuerpo al contacto con el asfalto, y estaba dolorido. Tomás le dijo que esto era normal en su primer día, que cuando llevara cientos durmiendo en el suelo, si algún día dormía en la cama, sería lo que le dolería. Tomás se despidió de él, le dijo que se tenía que ir a hacer sus cosas, y le aviso que esta noche ya, se tenía que buscar un lugar propio donde pasar la noche, ahora que le había enseñado donde buscar, y que le había advertido de los peligros más comunes.


En la casa que fuera de él, todo seguía con su rutina, Julia se había levantado temprano para preparar el desayuno de los niños, y llevar a uno al colegio y al otro al centro infantil. Después sería ella la que se tendría que llevar a la lavandería, pues estaba algo agotada, para echar su par de horas antes de ir a preparar la comida e ir a recoger a los niños. Ahora tendría que buscarse un trabajo extra por la tarde si su madre le podía echar una mano quedándose con los niños, si no, iba a ser todo más difícil.


Fue el primer día que Casimiro se tuvo que poner a pedir en la calle, otra situación nueva para él, encima en un barrio donde todos lo conocían, interiormente pasaba un sentimiento de vergüenza, pero como no le quedaba otra opción buscó un lugar donde ponerse. Empezó a pasar la muchedumbre, algunas personas se sensibilizaron con él y le dieron algo, otras sin embargo, no le daban ningún dinero, pero tampoco se mofaban de él. Pero había otro tipo de gente, estaban por un lado las que se burlaban de él, y por otro las que pasaban por su lado y era como si no pasaran por el lado de nadie, eso era lo que más le molestaba, la indiferencia, la ignorancia, aún sabiendo que él estaba allí sentado. Para ser el primer día no terminó mal, con el dinero que le habían dado tuvo para un bocadillo y dos cervezas, era más de lo que se esperaba.


A Julia hoy día le tocaba planchar en la lavandería, se pasó la pobre dos horas planchando, entre vapores y sudores. Tenía la tez roja como un salmonete, pues era una muchacha que cuando pasaba calor se le encendía el rostro. Terminada su jornada fue a recoger a sus hijos. Hoy no había tenido tiempo de hacer nada complicado de comer, había tenido que preparar unas pastas, cosa que los niños agradecieron cuando se enteraron. Por la tarde se puso a buscar en el periódico alguna ocupación para las tardes, y no encontraba nada. Pero cuando llevaba media hora buscando, sonó el teléfono, y era Paula, le estaba contando lo que había pasado en su comunidad, la habían disuelto, todo el mundo se estaba quejando, nadie quería que hubiera comunidad, pero nadie quería que estuviera sucio el portal, y al romper la comunidad, habían tenido que echar a la empresa privada que limpiaba el portal. A Julia se le iluminaron los ojos cuando escuchó aquello, y preguntó a su amiga si podía quedarse ella con la limpieza del portal. A lo que Paula le contestó:

http://platea.pntic.mec.es/curso20/5_edicionhtml/2007/html12/inventores/telefono.gif

- Pues claro, hombre, no había caído, además, no sabía que lo necesitaras.


- No, en cierto modo no lo necesitaba, pues estaba esperando que la situación se estabilizara, pero como no ha sido así, las cosas se han complicado, y estaría muy agradecida si pudiera quedarme con ese puesto. Consúltalo con los propietarios y me mandas un mensaje diciéndome si entro a trabajar y cuándo.


Paula colgó el auricular, y a los diez minutos le estaba escribiendo un mensaje diciéndole que empezaba el martes de cuatro a seis, y que tendría que limpiar martes jueves y sábados. Salvo un sábado que le dejarían libre. Julia se puso muy contenta, tanto que empezó a dar saltos de alegría, sí, terminaría algo más cansada esos días, pero llegaría mejor a fin de mes.


Llegó la noche, y Casimiro tuvo que buscarse algún lugar donde dormir, vio una máquina expendedora de refrescos que había hacia el final de la estación y aunque había una lata de cerveza, allí se echó. Cuando ya estaba a punto de dormirse, llegó un hombre delgaducho, paliducho y excesivamente demacrado, y empezó a vociferarle diciéndole que ese era su sitio, que se levantara ahora mismo de ahí si no quería que lo rajase, que se fuera a buscar otro agujero, que era un puto vagabundo de mierda. Que si no veía que el sitio estaba guardado.


Casimiro que estaba medio dormido no pudo casi ni reaccionar, y con aquel personaje tanto mejor. Lo más que pudo fue levantarse torpemente e intentar buscar otro lugar donde pasar la noche, pero eso sí, intentó mirar bien, que no hubiera ningún objeto que pudiera identificar el lugar como de alguien. Así que se colocó en un banco que vio al lado de los servicios, y se tapó con un par de cartones. En esta ocasión ya no le molestó nadie y pudo dormir hasta la mañana.


En casa de Julia, las cosas seguían su curso, y tanto económica como afectivamente, se habían estabilizado. Ella nunca les prohibió ver a su padre, pero como Casimiro siguió con su actitud, pronto los niños no querían verlo, ni estar con él. Como vemos, el tiempo fue pasando, los niños creciendo, y la vida mejorando. La madre de Julia, ya no tenía que aportar tanta ayuda, ni física ni material y se daba sus escapaditas con su marido.


Por el contrario, Casimiro fue empeorando cada vez más, cada vez bebía más, cada vez recibía menos dinero, por consecuencia comía menos, motivo por el cual su cara se fue chupando, sus ojos se fueron saliendo, y sus rasgos faciales tornaron poco a poco puntiagudos, los que dejaba ver la barba que no se quitaba desde hacía años. Su tez se fue demacrando cada día más, y la que le quedaba visible estaba muy curtida por el sol. Siempre lo veías tumbado por algún banco o escalera con una litrona en la mano, fuera la hora que fuera, ya había hasta gente que se la compraba.


Un día de finales de verano, era tal el hambre que tenía ya, que aprovechó el momento en que unos extranjeros se acababan de marchar sin comerse una tapa de arroz para coger el plato antes de que viniera la camarera, pero esta lo observó desde dentro y salió corriendo. Le dijo que no podía comerse el arroz, que no podía llevarse el plato, que si quería le daba un bocadillo, pero que el plato no se lo podía llevar. Hombre, el no le hizo ascos al bocadillo, pero francamente hubiera preferido comerse el plato de arroz, hacía muchísimo tiempo que no comía una comida decente. Bueno, hacía mucho tiempo que no comía una comida. Como a él no se la daban, preguntó si se la podían dar al perro, pero como no tenían ningún cacharro de plástico, el perro también se quedó sin el arroz.


Así fue como el pobre de Casimiro, por no encontrar solución a su problema, habiendo podido estar tranquilamente con su familia, terminó por las calles, peor incluso que hasta su perro, pues si hubieran tenido un cacharro este se hubiera comido un rico arroz, mientras el dueño a su lado hubiera estado comiéndose un bocadillo.